I- Salón de té.
Las tazas eran una delicia, la que me tocó era de cerámica pintada con detalles en verde y ocre, con la tonalidad precisa para que se luciera la bamboleante superficie de té blanco Pa Mu Tan Mao Feng que estaba tomando.
Sí, la verdad es que el cigarrillo había arruinado la simpleza y hermosura de aquella romántica tacita y la fineza de su delicado té.
II- Basura cybernética
Ni aquí ni en ningún lado logras evadir la pandemia tecnológica que asola el mundo estos días. Y las chucherías para "personalizar" cuanto artefacto que aparece, haciéndote creer feacientemente que lo necesitas, que sin él no serás nada y una vez que lo tienes verás que no podrás concevir la vida sin él. Por lo tanto, personalizarlo es la mejor forma de convertirlo en una extensión de tu propio cuerpo y mente, convirtiéndote a la conectividad mundial, pero diferenciándote dentro del mismo rebaño. Estos aparatos se han convertido en nuestros verdaderos amigos, la única ventana al mundo. Si la abres, te provee de oxígeno vital. Si la cierras, simplemente te falta el aire. Personalízalo para que tenga los colores que tú quieres, que te muestre las imágenes que tú quieres, que escuches los sonidos que tú elijas y que te conecte con los contactos- no personas- que tú prefieras, mientras que al fin y al cabo te conviertes en un alfiler más de la gran red virtual y terminas haciendo lo que ellos quieren que hagas.
Este es el modo en que somos controlados. No nos damos cuenta de cuánto puede llegar a molestar tu ringtone personalizado hasta que te molesta el de al lado. Vivimos en una burbuja virtual.
Vamos, ¡acéptalo! Tu ringtone no es cool, la gente a tu alrededor no se sorprenderá ni se pondrá a cantar tu música, no se van a sentir agasajados por tu "originalidad". A nadie le parece gracioso que la voz de la ardilla Alvin te avise si te están llamando, si recibiste un mensaje o si se te olvidó pasar a buscar la ropa limpia a lo de tu mamá.
Son muchas las cosas para decir al respecto. No creo que puedas escaparle a la tecnología, pero sí que es enfermo la dependencia hacia ella. Una dependencia artificial y creada como casi todas las necesidades materiales humanas.
Sí, claro que uso internet. Pero no tengo internet en casa. Claro que tengo celular. Pero no saca fotos, no se conecta ninguna red social, no tiene crédito casi nunca. Claro que tengo Facebook. Pero tengo menos de 100 "amigos", la mayoría porque solo quiso quedar bien enviándome un soso mensaje de cumpleaños: "si tuviese tu teléfono te llamaba", como si pedir el teléfono de alguien el mismo día que pretende saludarlo fuera impensable. Y así, mi rebeldía contra el sistema, rebelión pasiva, pero productiva. Mientras que en lugar de haberme quedado en casa con la compu, esa tarde salí a tomarme un té. Y entonces fue cuando sonó un celular. Y me desquicié unos minutos.
Y ahora sí que necesito salir por un cigarrillo.

